Mi visita a un poblado gitano

Hace poco más de veinte años, tuve el placer de trabajar para un conocido periódico local de Móstoles. Digo trabajar, por decir algo, porque realmente no me pagaban, así que supongo que no se le puede llamar trabajar y sí ser becario. En el periódico, la fotógrafa acababa de marcharse y necesitaban a alguien, así que con un poco de ayuda, conseguí el puesto como colaborador gratuito. A día de hoy, pienso que no era una situación muy justa, pero a mi en aquel momento me sirvió para abrir miras, conocer gente y adquirir experiencia.

Un par de redactoras del periódico decidieron hacer un especial, la verdad muy interesante, ¡querían visitar el poblado gitano que había en Móstoles! Visitar un poblado gitano era algo que considerábamos peligroso, nosotros éramos payos y yo iba a ir con mi cámara personal, la cual podían robarme. Si he de decir la verdad, teníamos un poco de miedo debido a nuestros prejuicios, pero queríamos hacer un buen artículo de investigación, así que nos armamos de valor y allí nos dirigimos

Visita al poblado gitano

Para los que no lo sepan, el poblado gitano está en la Vereda del Pan y del Agua, ahora sé que se llama "poblado de Las Sabinas", en su momento no sabíamos ni el nombre. Para finales de este año hay planes de realojar a las familias y desmantelar el poblado. Cuando nosotros estuvimos, no parecía que hubiera intención de traslado de las familias gitanas.

En aquella época no había GPS, ni internet (al menos en las casas), ni nada que pudiéramos usar para encontrar el poblado. El director del periódico nos dió algunas indicaciones y más o menos conseguimos encontrar la entrada sin demasiados problemas. Fuimos avanzando por un camino ancho sin asfaltar y de vez en cuando nos cruzábamos con alguna furgoneta. Conseguimos parar a una muy destartalada en la que iba un hombre conduciendo y su mujer al lado. Les preguntamos si sabían quien era el "jefe" del poblado es decir, el patriarca, porque queríamos hablar con él. Tuvimos la mala suerte de que eran gitanos Portugueses, pero aún así nos hicimos comprender y nos indicaron perfectamente, sin asomo de dudas, la chabola donde vivía el patriarca. 

Muchos niños curiosos salían al paso nuestro mirándonos, alguno nos preguntaba donde íbamos, cuando se enteraron de que nos dirigíamos a la casa del patriarca, uno nos dijo todo orgulloso: "vive en mi chabola". Así que le seguimos hasta la puerta de la chabola. En el interior estaba "el patriarca", al lado de la chimenea encendida con un atizador en la mano. Era un hombre muy, muy corpulento, con una barriga inmensa y de una edad difícil de calcular para un chaval joven como era yo. En ese momento, he de decir que, mi mente se llenó de prejuicios y pensé que nos iba a pegar con el hierro y nos iban a robar todo. Contrariamente a mis miedos, el patriarca nos atendió muy amablemente y nos contó la situación general del poblado. Modestamente se empeñó en decir, que allí no mandaba nadie, que no era el patriarca, no nos lo creimos demasiado porque todos con los que habíamos hablado nos habían indicado aquella chabola como la del patriarca.

Una de las cosas más curiosas que nos contó, más bien les contó a las periodistas, es que allí se pasaba mucha hambre. Yo quedé muy sorprendido, porque esto último lo dijo tocándose la inmensa barriga, mi mente no hacía mas que pensar que se había zampado toda la comida. Nos estuvo contando que recibían unas 30.000 -40.000 pesetas, sí, era en pesetas, como renta de inserción, en aquella época no se llamaba así, pero perdonad que no recuerde el nombre exacto. Ese dinero les parecía insuficiente, aunque a mi me pareció mucho dinero, teniendo en cuenta que era por no hacer nada para un sitio donde no se paga luz ni agua.

Cuando mis compañeras terminaron la entrevista, le pedimos que nos enseñara el poblado, muy amablemente uno de los familiares del "patriarca" nos acompañó a la iglesia. De camino, algunos niños venían con nosotros mientras yo hacía fotos. A los niños les encantaba que les hiciera fotos y se ponían a posar haciendo tonterías como todos los niños cuando les hacen una foto, uno de ellos llevaba un bocadillo bien grande con chopped y mientras hacía el tonto en la iglesia conmigo se le calló la mitad del chopped al suelo. Cuando yo lo iba a recoger me dijo: "Déjalo, da igual". Me sorprendió bastante porque mi padre me dijo que cuando era pequeño pasó mucha hambre y no desperdiciaban nada de comida. Y recordando lo que nos había contado el patriarca, me resultó extraño que no recogiera el chopped.

La iglesia gitana

La iglesia era una chabola con bancos, cruz y demás enseres religiosos. Nos comentaron que allí daban misa todos los domingos con un cura que se acercaba a tal efecto. Para los gitanos, la religión es muy importante en sus vidas, así que podéis suponer que una iglesia en el poblado lo era también. Jamás me hubiera creído que pudieran haber construido con materiales reciclados una iglesia en medio de un poblado gitano.

El retorno al periódico

Cuando terminamos el reportaje, un gitano se ofreció muy amablemente a llevarnos fuera del poblado en su furgoneta. Al verla, quedamos, al menos yo, muy sorprendidos, era una flamante Mercedes de tamaño gigante. Creo recordar que era tan grande que cupimos el conductor, las dos periodistas y yo en la parte delantera. No entiendo de coches y la verdad es que no me quedé con el modelo pero tenía pinta de ser cara no, carísima. Quedé impresionado porque no me cuadraba una furgoneta que en aquella época valía casi como una casa, con vivir en chabolas.

Mientras volvíamos al periódico a entregar los carretes y a redacar el artículo, me di cuenta de que algo en mi interior había cambiado, por un lado había superado algunos prejuicios como el del miedo a mi seguridad, pero por otro regresaba con muchas preguntas en mi cabeza que nunca he podido resolver: ¿Pasaban realmente hambre? ¿Por qué se compran una furgoneta que vale millones y viven en chabolas pasando frío? ¿Hay gitanos de primera (los españoles) y de segunda (los portugueses)?

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